Málaga. Hacienda de Eduardo Delius Rein (1818-1869) en Teatinos

Eduardo Delius Rein (1818-1869. Philip Graff. ca. 1860. AHMM
Eduardo Delius Rein (1818-1869. Philip Graff. ca. 1860. Fuente: AHMM

Impreso el 21 de febrero de 2024 Impresión

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El actual distrito de Teatinos tiene su origen en una hacienda de recreo del Colegio de la Compañía de Jesús de Málaga (1581-1767). En los primeros años las órdenes de Teatinos y Jesuitas llegaron a confundirse. El propio obispo de Málaga llegó a nombrar a los jesuitas que vinieron a Málaga para fundar el Colegio de San Sebastián con los teatinos y en las actas capitulares del ayuntamiento también aparece esta confusión. El obispo de Málaga Francisco Pacheco de Córdoba otorgó esta hacienda al colegio de la Compañía de Málaga, que recibió el nombre de Teatinos, con su huerta, almendral, viña, arbolado, casa principal, aguas, fuentes, albercas y demás posesiones, por escritura ante Luis Torres, el 21 de noviembre de 1581. Los jesuitas hicieron numerosas obras, construyeron una capilla y plantaron una gran arboleda. En 1717 se realizó un jardín con flores a ambos lados del estanque, que se nutría de las aguas del Arroyo de Teatinos, de una noria de sangre y de la cañería de la Culebra. En 1762, pocos años antes de la expulsión de los jesuitas de Málaga, la hacienda se amplió con la adquisición de una huerta contigua propiedad de Gregorio Barcenilla.

El Catastro del Marqués de la Ensenada describe la casa de campo Hacienda de Teatinos, cuya renta anual era de 440 reales. Poseía planta baja, atrio, corral, cocina, caballeriza, despensa, oratorio, nueve cuartos en la planta alta para uso de los religiosos, y un mirador o logia, y estaba rodeada de huertas, con las que obtenía una renta anual de 400 reales de vellón. El huerto era de regadío “con agua de noria y una fuente que viene encañonada a su alberca, distante media legua de la población, con cuatro fanegas medida de cuerda, una de hortaliza, y tres de árboles. Linda con levante con tierra propia cercada hasta el arroyo de Teatinos, cercada de tapias de el Camino de Antequera, y al sur a D. Bartolomé Pareja”. Tenía 117 naranjos chinos, 190 limoneros agrios, 109 granados, 7 higueras, 4 almeces y un pino. Junto a la huerta había una parcela de secano. En 1774 tenia los siguientes árboles: 71 olivos grandes, 334 medianos, 82 pequeños, 54 almendros grandes, 149 medianos, 52 pequeños, 34 más pequeños, 718 m de vallado de pitas y cambrones, 81 limoneros grandes, 82 medianos, 29 pequeños, 52 más pequeños, un albaricoque, 4 ciruelos, 50 granados, 1 durazno, un serbo, un asofaifo, 14 pies de parras, dos álamos blancos, 7 almeces, 4 cipreses, y 9 palmas reales.

En 1774 limitaba al este con el arroyo que llaman de Teatinos y el Almendral del Rey, al norte con el camino de Pizarra, al oeste con el cortijo y tierras de Diego Roldán, y al sur tierras y cortijo llamado de Indiana, del vínculo formado por Martín Fernández Peisal, propiedad de Miguel Fernández y en ese momento de Diego Gómez Molina.
Tras la expulsión de los jesuitas en 1767 la hacienda pasa a propiedad de la Junta Municipal de Temporalidades. En 1768 fue tasada en 6.600 reales de renta y 141.716 reales y 17 maravedíes de venta. Fue vendida a Pedro Iturriaga, quien la cedió a Tomás Román y Juan González por 11.195 reales y 11 mrs.

En 1994 el Ayuntamiento compró el edificio a la familia Jiménez Lopera para instalar una escuela taller, decidiendo en 1989 crear la sede del Instituto Municipal para la Formación y el Empleo.

La abundancia de agua en esta zona del Camino de Antequera favoreció la existencia de huertas y cortijos, sumándose a las ya señaladas la “pintoresca finca de la Torre del Atabal”, que se cita en la visita a Málaga del rey Alfonso XIII en el año 1904 y especialmente la Hacienda de Eduardo Delius, que fue visitada por la reina Isabel II: “El 16 de octubre de 1862 la reina Isabel II con su amplia comitiva fue recibida en la magnífica hacienda de Eduardo Delius a las cinco de la tarde, situada a un cuarto de hora de Málaga, ubicada en Teatinos, que había sido dispuesta a la mayor ostentación por su dueño el Sr. D. Eduardo Delius.

Eduardo Delius Rein nació en Málaga en 1818 y falleció en la misma ciudad en 1869, a la edad de 50 años. Como tantas otras familias malagueñas, tenía ascendencia alemana, siendo su padre Eduard Delius Biderfeld (1790), quien fundó junto con su hermano Conrad la empresa “Delius Hermanos y Cia”, dedicada a la exportación de aceite, vino, frutos secos y tejidos. También fue banquero y formó parte de la Junta Directiva del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Málaga y de la Junta de Gobierno del Banco de Málaga. Estuvo casado con Rosario Loring Oyarzábal (1820), hermana de Jorge Loring, lo que explicaría las similitudes entre sus jardines.

Coincidiendo con la visita de Isabel II, el escritor danés Hans Christian Andersen visitó la hacienda, dejándonos una excelente descripción:

“En coche recorrimos Colli y yo, aproximadamente, una legua por el cauce del río seco. Fuimos invitados a dar este paseo por uno de los hombres de negocios más rico de Málaga, el señor Delius, para quien me habían dado una tarjeta de presentación. Él deseaba mostrarnos una quinta que poseía, con un hermoso jardín cercado por una impenetrable valla de chumberas altas como hombres, tal como las que, en número incalculable, crecían por la ladera del monte. El jardín estaba instalado en terrazas escalonadas, con riquísima variedad de árboles. Naranjos y plátanos daban una sombra deliciosa. Grandes pimenteros con un sinnúmero de bayas rosadas, ensartadas como cuentas de rosario, inclinaban sus ramas, cual los sauces llorones, sobre el agua verdosa de los estanques. Había palmeras tan gruesas que no podía abrazarlas un hombre y extraños pinos que, mas bien, parecían palmeras; tan aristocráticos en su especie que, en el reino de los pinos, podrían presumir de nobleza de sangre o, mejor dicho, de savia. Limoneros y altas matas de geranios exhalaban su delicioso perfume. Las pasionarias pendían en racimos tan tupidos como los de los fragantes caprofolios en las empalizadas de nuestras casas de campo. A la luz del sol destacaban unas flores raras, en forma de lirios, en las que creí reconocer las sinuosidades de los arabescos de oro y plata que decoran los viejos libros de leyendas. La planta más costosa que allí había, me dijeron, era la hierba; un par de amplios céspedes se extendían tan frescos y bien cuidados, que se diría que habían lavado y abrillantado las briznas de hierba una por una. Soplaba una brisa fresca, casi demasiado para nosotros, que habíamos paseado en coche por el profundo y caluroso valle y ahora ascendíamos a pie hasta la terraza más alta del jardín. A nuestros pies se extendía Málaga, cuya imponente catedral recordaba una inmensa arca en medio de un mar petrificado y blanco de espuma.

Al regresar a casa, visitamos otra quinta. Esta había sido abandonada por su dueño, que se había arruinado especulando en el negocio del agua. O sea, había empleado toda su fortuna en construir en su jardín enormes depósitos, destinados a recoger agua de lluvia, con el fin de venderla a los consumidores. Ahora el jardín era una selva, y el agua verduzca reposaba en el fondo de las cisternas, con la dignidad de quien conoce su importancia, a pesar de no servir para nada. Colli cazó aquí una tarántula, una araña de ocho asquerosas patas. Las sabandijas pululaban por todas partes, pero no piaba ni un pájaro. El sol ardía implacable, pero aún fue peor cuando tornamos a bajar por el pedregoso y seco cauce del río; íbamos medio muertos de sed. Fue un refrigerio delicioso tomarse un higo chumbo, como le llamaban a esa fruta”.

La hacienda de Delius se hallaba sobre una colina en la subida al Puerto de la Torre, por lo que su jardín estaba estructurado en terrazas sombreadas por un gran número de plátanos orientales, naranjos, pimenteros, palmeras, pinos, limoneros, arbustos con flores, praderas de hierba, estanques y estaba rodeada por un muro de chumberas. Debía tener un aspecto parecido a la Hacienda de la Concepción.

En estos momentos lo que fue la hacienda es la sede del Instituto Internacional de San Telmo y conserva parte de su arbolado.

Referencias

  • Andersen, Hans Christian (2004) Viaje por España. Alianza Editorial, Madrid.
  • Franquelo, Ramón (1862) La reina en Málaga. Descripción de los arcos de triunfo, monumentos, adornos y vistas mas notables, que ha habido en Málaga y en el límite de su provincia, durante la estancia en ellas de S.M. la Reina Doña Isabel II y su real familia en octubre de 1862. Imp. del Correo de Andalucía. Edición facsímil en Málaga con introducción de Rosario Camacho Martínez. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Málaga, 1991, Málaga.
  • Jerez Perchet, Augusto; Muñoz Cerissola, Nicolás (1877) Crónica de la visita de S.M. el rey D. Alfonso XII a la ciudad de Málaga en marzo de 1877. Exma. Diputación Provincial y Excmo. Ayuntamiento de Málaga, Málaga.
  • Jiménez Serrano, Bárbara; Serrano Gutiérrez, Juan (2004) El Catastro del Marqués de la Ensenada en el Antiguo Reino de Granada (Archivo de Ordenador). Archivo Histórico Provincial de Granada, Sevilla.
  • Soto Artudeño, Wenceslao (2001) ‘El Campus Teatinos, una huerta de los jesuitas en la Edad Moderna’. Isla de Arriarán, , , s/v (XVII) pp. 257-279.

Cita

APA 7

Morales Folguera, J. (2024) Málaga. Hacienda de Eduardo Delius Rein (1818-1869) en Teatinos. Historia del jardín. http://historiadeljardin.hdplus.es/malaga-hacienda-de-eduardo-delius-rein-1818-1869-en-teatinos/

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Morales Folguera, José Miguel. «Málaga. Hacienda de Eduardo Delius Rein (1818-1869) en Teatinos». Historia del jardín, Departamento de Historia del Arte, 02 2024, http://historiadeljardin.hdplus.es/malaga-hacienda-de-eduardo-delius-rein-1818-1869-en-teatinos/

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Morales Folguera, J. (2024) ‘Málaga. Hacienda de Eduardo Delius Rein (1818-1869) en Teatinos’, Historia del jardín. Disponible: http://historiadeljardin.hdplus.es/malaga-hacienda-de-eduardo-delius-rein-1818-1869-en-teatinos/

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MORALES FOLGUERA, J, 2024. Málaga. Hacienda de Eduardo Delius Rein (1818-1869) en Teatinos [en línea], disponible: http://historiadeljardin.hdplus.es/malaga-hacienda-de-eduardo-delius-rein-1818-1869-en-teatinos/

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